Se llamaba Dª Dolores Ponce Díaz, era viuda de un coronel del Ejército, tenía dos hijas internas en un colegio, recuerdo que era aún joven y guapa,con el pelo negro y algo rizado peinado en media melenita, para dar las clases siempre se ponía un babi blanco, al fondo de la clase había un gran ventanal que daba a la calle, al lado de la ventana estaba su mesa de trabajo y cuando ella se ponía de pie, de espaldas a la ventana, para explicar las materias que nos daba, el sol o la claridad que entraba por la ventana rodeaba su figura como si fuera un nimbo y yo me extasiaba contemplándola y con la fantasía que siempre he tenido, yo la veía como un ser mágico y bueno. Esta es la imagen que más recuerdo de ella.
Mis padres tenían una buena amistad con ella porque les gustaban mucho leer, desgraciadamente no tenían dinero para comprar libros y leían todos los papeles impresos que caían en sus manos, yo se lo conté a Dª Dolores y ella habló con mis padres para, que de una estupenda biblioteca que ella tenía en su casa, fueran llevándose los libros que quisieran. Aquello fue una mina para ellos, se llevaban libros que mi padre forraba con papel de periódico, para que no se estropearan y cuando los devolvían Dª Dolores les dejaba otros, de
esta manera cogieron una gran amistad, Dª Dolores les hablaba mucho de mi, decía que yo le recordaba a su hija pequeña y sentía un gran cariño por mi, les hablaba de que yo era muy inteligente y con gran afán de aprender, que parecía una esponja dispuesta a "empaparme" de todo lo que fuera saber más, que era una lástima que no pudiera estudiar una carrera porque tenía aptitud para ello.
Mis padres, los pobres, lamentaron no disponer de los medios necesarios para eso. Yo ajena a todo esto seguía aprendiendo todo lo que podía.
Dª Dolores al igual que todos los maestros/as, entre todas las asignaturas que dan, hay algunas por las que sienten una especial predilección y esa asignatura la dan con tanta ilusión y vehemencia
que son capaces de traspasar esta predilección a sus alumnos, esto es lo que le pasaba a Dª Dolores con la Geografía, tanto la fisica como la política, nos la daba de una manera tan especial que nos entusiasmaba a todas las niñas, explicaba francamente bien los mapas físicos con toda su orografía y todas las " arrugas" de aquellas tierras que nos presentaban los mapas que enseguida me "invadía" mi fantasía y me veía en plena naturaleza viviendo mil aventuras a través de montañas, bosques, valles y ríos. Con los mapas políticos me pasaba igual, pronto aprendí todos los Continentes con sus correspondientes países y capitales y yo " viajando" por todos ellos; mis países preferidos eran los asiáticos
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mapa anyiguo. |
especialmente CHina, Japón y Siam (hoy Tahilandia), supongo que esta preferencia tenía que ver con los Kimonos que había visto en mi querida Lucrecia y los países del sol Naciente de los que ella tanto me hablaba.
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mapa físico de Andalucía |
En las paredes de la clase había muchos mapas y Dª Dolores solía ponernos delante del mapa sobre el que íbamos a tratar con un puntero en las manos y una venda en los ojos, una a una nos preguntaba por tal o cual accidente geográfico o por tal país o capital, lógicamente no apuntábamos directamente al blanco, pero la que más se acercaba le daba un pequeño obsequio. aquello nos encantaba.
Otra de las cosas que más me gustaba de las clases de Geografía era cuando "jugábamos" a hacer el curso del rio Guadalquivir, desde su nacimiento en la Sierra de Cazorla, hasta su desembocadura entre la provincia de Cádiz y la de Huelva. Yo era la encargada de arrastrar una correa que "era" el rio, me acercaba al grupo de niñas que representaban los pueblos de la provincia de Jaén por donde pasaba el río, cada niña tenía un cartel con el nombre del pueblo y yo las tenía que señalar según en el orden en el que debían de ir, lo mismo tenía que hacer con las provincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz. Lo pasábamos.
Aquel juego del curso del Guadalquivir aún lo recuerdo con cariño y simpatía hacia Dº Dolores, por lo que quisiera hacerle un homenaje con infinito agradecimiento por todo lo que de ella aprendí, y nada mejor que volver arepetir el recorrido del rio, pero ahora el río no será una correa; ahora lo voy a personificar, seré yo misma el río Guadalquivir y con lo que me gusta viajar, será para mi una gran aventura en la que dejaré en libertad a mi innata fantasía y mi gran imaginación. Espero que el Alma de Dª Dolores allí donde se encuentre, no se sienta defraudada por mi atrevimiento.
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Guadalquivir a su paso por Sevilla |
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